Imagen del androide "Terminator" de la película Terminator 3: La rebelión de las máquinas

¿Cómo usar a la tecnología?

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We humans are tool builders… We can fashion tools that amplify these inherent abilities that we have to spectacular magnitudes.
— Steve Jobs, en una entrevista para WGBH.

La dicotomía de la tecnología

Yo también creo lo que Steve Jobs dice, que somos creadores de herramientas por naturaleza, algunas nacen para nuestra supervivencia, otras son para alimentar la curiosidad, otras muchas buscan específicamente el brindarnos alegría, entretenimiento, placer… Y otras, son instrumentos para el pensamiento, para la observación, para la mente.

Si hay algo en lo que podemos estar de acuerdo es que pertenecemos a una civilización que adora estas herramientas, porque nos permiten disfrutar tanto, vivir tan bien, extender la longevidad, tener una sociedad en continuo progreso. Pero a veces nuestra adoración cruza una frontera difícil de discernir y se deforma en una idolatría pervertida, pasamos de ser los que utilizan a la herramienta a ser utilizados por la herramienta, ¿cómo es esto posible?, te preguntarás, pues las herramientas tecnológicas, especialmente las que utilizan algoritmos computacionales para elevar su conveniencia, deben servir a un solo amo y no es el usuario o consumidor final, es el desarrollador de esta, por ende su propósito no es resolver una necesidad sino mantenerse relevante por sobre todas las cosas.

Creo que inconscientemente notamos que estas invenciones en vez de servirnos fueron hechas para que nosotros les sirvamos. Posiblemente eso despierta la idea de que pasamos de ser los amos a ser los esclavos de los inventos y creo que es de ahí donde radica este miedo a las tecnologías revolucionarias.

Hace décadas, personas conservadoras e intelectuales criticaban duramente a la televisión, podías encontrar cientos de columnas en los periódicos criticando al nuevo medio, la televisión era vista como una tecnología que masificaba el pensamiento, lo transformaba en convencional y servía para unificar a los televidentes en una especie de sociedad comunista consumista que se nutría de entretenimiento barato e información controlada.

Tenemos este miedo a la tecnología porque le desconocemos en el fondo y desconocemos las intenciones de sus inventores. La cinematografía da claras muestras de este miedo en la forma de la Skynet que envía a sus terminators a diseminar a la especie humana o la Matrix que se nutre de una granja de cuerpos que nadan en sueños programados.

Nuestro miedo tiene fundamentos reales.

La bomba atómica es un ejemplo nítido de que la tecnología puede torcerse hasta grados inimaginados con tal de instaurar un nuevo orden mundial. La artillería pesada, los misiles guiados, los drones, las armas químicas o biológicas, todas las tecnologías para la guerra tienen una obvia connotación negativa que es difícil de excusar o justificar. Y las tecnologías que se presentan cada año, desde la Inteligencia Artificial hasta las vacunas de mRNA, ni con sus evidencias ni sus argumentos pueden mitigar la disonancia cognitiva y el temor natural a sus aplicaciones y consecuencias.

En el otro lado de la balanza, conocemos bien los beneficios de las invenciones tecnológicas. Gracias a ellas disfrutamos de una vida sin igual. Lo sé, lo sé, es imperfecta, sí, tiene muchos problemas reales, fundamentales, complejos de entender y a la fecha irremediables y que ninguna tecnología por sí misma puede resolver, pero en cierto grado, en cierta forma, tecnologías que hoy parecen básicas, en su tiempo fueron catárticas y tecnologías que hoy son incomprendidas proveen beneficios reales y positivos para la especie humana y para el entorno en el que vivimos.

Cuando se pone en la balanza lo bueno y lo malo, es difícil emitir un juicio sobre si es necesario o no el desarrollo tecnológico y las preguntas que resultan no nos conducen a una mejor explicación o no nos llevan a un entendimiento más elevado sobre la dicotomía de nuestros inventos y sus aplicaciones, porque es cierto que no toda herramienta se usa para lo que fue creada y toda tecnología puede ser aplicada en contra de otros seres.

Un martillo ha sido diseñado para construir, pero si uno crea una trampa para atrapar personas o si uno utiliza al martillo para golpear a alguien, al final no es el martillo el problema sino la intención de la persona.

La tecnología hoy tiene un peso masivo en el desarrollo de nuestra civilización. La vemos como la institución por la cuál podemos alcanzar el bienestar supremo (lo que sea que eso signifique). Su poder es tal que ha transformado nuestra economía y elevado los conceptos del capitalismo a nuevas definiciones. Ha permeado tanto nuestras vidas que las relaciones interpersonales son distintas y las decisiones políticas se ven afectadas por el poder de una imagen o una denuncia en cualquier plataforma social.

La tecnología, especialmente la tecnología digital, se inmiscuye cada vez más en todo lo que utilizamos, desde obviamente nuestros dispositivos computacionales hasta los aparatos electrónicos con los que resolvemos las tareas de la vida rutinaria. Con esta intromisión tan persistente, con los beneficios económicos que representa tanto para los que la utilizan como para los que la crean y para los que invierten en ella, hacer la distinción de si una tecnología es positiva o negativa es más difícil que nunca y todas las respuestas a las preguntas que surgen arrojan resultados dependientes de cada caso, por ende las discusiones importantes se vuelven brutalmente complejas.

Si se parte de premisas mal establecidas las conversaciones que sirven como piedras angulares para grandes decisiones provocan que las personas responsables elijan caminos equivocados, de ahí es que tenemos tantos comunicadores y periodists que pierdan el punto de las conversaciones correctas, o que se redacten regulaciones mal pensadas para una plataforma o industria, o que el emprendimiento de nuevas startups produzcan bienes o servicios que no resuelvan problemas reales ni desarrollen innovaciones aprovechables. Estos y más ejemplos iniciaron en discusiones con preguntas que son una trampa, preguntas como: si un self-driving car tiene que tomar una decisión de atropellar a un individuo o chocar con sus pasajeros ¿qué es lo mejor? ¿son las plataformas sociales un daño a la salud? etcétera.

Preguntas fundamentales

Una pregunta más útil es: ¿utilizo a la tecnología o estoy siendo utilizado por la tecnología?, es decir, adquiero una tecnología porque sé que va resolver un problema que ni su mejor sustituo puede resolver o simplemente adquiero la tecnología y la «uso» sin ninguna intención de resolver o construir nada, solo la tengo porque es lo convencionalmente aceptado.

Para encontrar la respuesta es necesario saber identificar los síntomas del ser utilizado y entender cuál es el tipo de relación que tienes con la tecnología, porque si eres solo consumidor o usuario tienes una relación muy distinta a si eres desarrollador de tecnología, ya sea que trabajes en su capitalización, invención o diseño.

Para los que son consumidores/usuarios es necesario entender que la tecnología que te utiliza es aquella que está siempre disponible, es aquella que te condiciona de manera pavlovliana, es aquella que deforma tus principios fundamentales, tu escala de valores. Es aquella que por diseño quiere que le atiendas todo el tiempo. Es aquella que ofrece muchos «beneficios» pero que después de meses de haberla adquirido solo la usas para una cosa y a veces ni siquiera para la que estaba pensada. La tecnología que te utiliza, normalmente tiene a la «conveniencia» como su principal característica, te permite conectarlo todo para que tú no te preocupes de nada pero al final estás siempre pendiente de todo lo nuevo que pueda ofrecer.

La tecnología que te utiliza, normalmente es la que vive en el reino del consumismo y constantemente está prometiendo mucho para poder ser la opción elegida, pero siempre vas a necesitar renovarla para disfrutar de todas sus «ventajas». La tecnología que te utiliza tiene una obsolesencia a corto plazo programada por diseño. La tecnología que te utiliza puede verse pomposa, brillante y barata, pero su componente principal es costoso y se acaba rápido, por lo que siempre debes estar gastando para aprovechar sus capacidades.

Y los síntomas de estar siendo usado por la tecnología son la falta de atención en lo fundamentalmente importante, la adicción a los contenidos, el consumo sin sentido de gadgets e inventos que se desechan luego de ser usados una vez, las largas horas gastadas frente a la pantalla, la inversión en crear una segunda personalidad basada enteramente en una identidad ficticia y digital, la firme creencia de que la tecnología es un remedio fácil y hasta gratuito, el exceso de uso de productos que uno tiene consciencia de su daño a corto y largo plazo o el formarse en una larga fila para adquirir un gadget antes que nadie sabiendo que obviamente su primera versión tiene muchos defectos y su producción bastará para comprarle en un futuro no muy cercano.

Para los que trabajan activamente en el desarrollo de la tecnología, también hay síntomas de que son sus víctimas.

Los que se ponen el sombrero del capitalismo, disfrutan de producir tecnología porque es más sencilla de vender, porque se entrega empaquetada en cajas bonitas y los consumidores obtienen una recompensa psicológica al adquirir lo novedoso. Este tipo de negocios es más rentable porque quienes la consumen son víctimas de su diseño, que nunca está completo, que se debe mejorar cada dos meses porque ahora hay otro problema que nunca antes había existido y la única forma de solucionarlo es gastando en adquirir la nueva versión.

Puedes ser el capitalista, el que encuentra en el invertir en el desarrollo de aplicaciones tecnológicas un medio para crear soluciones y al mismo tiempo un medio para vivir bastante bien. Y puedes caer en el servilismo hacia la tecnología cuando aspiras a las metas de transformación global. Cuando tu megalomanía se concentra en tu startup y crees firmemente que tienes la solución para los trastornos de nuestra sociedad, la economía y el mundo entero. Puedes caer en ser usado por la tecnología cuando pasas al reino del cinismo y justificas los diseños invasivos o las consecuencias nefastas con un «todo mundo hace lo mismo».

Para estas personas los síntomas son claros, piensan sin escrúpulos, hacen rondas de inversión para crear empresas que luego son vendidos a grandes corporativos y no les importa si el producto o servicio era efectivo, ni tampoco les importa la relación que establecen con sus clientes. Con cada transacción se vuelven más ricos, y además adoran los títulos en inglés «CEO«, «shareholder«, «venture capital«, «angel investor«, pocas veces tienen bajo sus alas a empresas que en verdad están activamente contribuyendo a sus comunidades y desarrollando herramientas tecnológics que ayudan a progresar a grupos específicos de personas con necesidades singulares.

Cuando estás en el lado del que inventa la tecnología es muy sencillo ser utilizado por ella también, porque vivimos en una civilización que sigue los mandamientos de la iglesia tecnológica. Porque los medios de comunicación elevan a semidioses a todo aquel que logra desarrollar una tecnología que «salvará» al mundo. Es muy fácil ser utilizado por las tendencias de desarrollo tecnológico porque el «progreso» es esta nueva fe en la que ponemos nuestros esfuerzos diarios.

Los síntomas de que el inventor ha pasado a ser esclavo de la tecnología empiezan cuando decide ignorar las consecuencias de lo que ha inventado. Cuando justifica sus obras con un «solo hacía mi trabajo, no sabía lo que pasaba allá afuera» cuando claramente había gente sufriendo mientras sus investigaciones se fondeaban. O cuando ha encontrado en el status de su reputación una forma de alimentar su ego y permitir que la tecnología avance con el mantra a la Silicon Valley «break things, move fast» sin pensar en las consecuencias éticas de sus invenciones.

O puedes ser el diseñador, el que encuentra en la tecnología una forma de establecer una relación entre una máquina y el ser humano. Y algunos de los síntomas de ser el esclavo de la tecnología son: si consideras que esta es el sustituto perfecto para las relaciones humanas, si diseñas para atraer la atención de tu usuario y para maximizar los pocos segundos que pasa utilizando tu producto. Puedes ser esclavo de la tecnología cuando diseñas para los premios, para la validación en las plataformas sociales con los millones de seguidores y los perfiles verificados. Los síntomas de esta esclavitud se hacen más claros si selectivamente decides no cuestionar si tu diseño es sostenible desde la extracción de la materia prima hasta las consecuencias de su aprovechamiento a escala global o cuándo crees que la mejor forma de hacer rentable a un producto es diseñarlo para que quede obsoleto en poco tiempo.

Respuestas fundamentales

La pregunta que puede servir como base para el antídoto es: ¿cómo dejar de ser utilizados por la tecnología?, si ese es nuestro caso claro.

Si eres solo un usuario/consumidor, creo que una tecnología que sirve verdaderamente, es aquella que te permite estar presente, que te libera del problema que venías arrastrando, que resuelve una situación y te impulsa a dar el siguiente paso, que te ayuda a estar aquí, ahora, contigo mismo en tí mismo. Sé que esto último suena a mantra de maestro de yoga, pero es así de sencillo. Una tecnología que te permite pasar un buen día, simplemente disfrutando de tu existencia, es una tecnología que sirve. Una tecnología que te permite hacer lo que te brinda más tranquilidad mental y hasta felicidad es una tecnología que sirve. Una tecnología que después de utilizarla sueltas un suspiro de alivio porque resolvió un problema real, es una tecnología que sirve perfectamente, que cumple con su propósito y nada más, no está constantemente llamando tu atención para que la tengas en la mano todo el tiempo.

Claro que puedes argumentar que así como el martillo no es responsable de construir una trampa ni de golpear a otro ser viviente, la tecnología per sé no es responsable de crear paz interior ni de elevar tu estado de consciencia o relajar tu estado mental, porque eso es algo que el individuo debe alcanzar por sí mismo y estar preparado para ello, y es cierto. Pero si la tecnología cumple con su tarea de resolver tu necesidad, es un paso hacia el tener un mejor estado mental y de consciencia.

Claro que también puedes argumentar que incluso las tecnologías más simples si son producidas en masa, inevitablemente tendrán un efecto inverso para el progreso humano, y es cierto. Pero también es cierto que las tecnologías que han sido bien diseñadas, duran mucho y soportan mucho las inclemencias del uso y del tiempo y no se vuelven desechables con facilidad y muchas de estas inclusive son creadas pensando en que sean sostenibles desde la elección de la materia prima hasta la producción en volumen.

La tecnología que está hecha para servir, es la que simplemente te permite seguir con tu vida, con lo importante, es la que te ayuda a progresar.

Si encuentras disonancia cognitiva cuando utilizas alguna tecnología, simplemente deja de lado su uso. Si frente a tí aparece un gadget que promete beneficios increíbles, adquiérelo, y si después de meses te encuentras que aún conociendo sus más valiosas aplicaciones lo utilizas someramente, entonces tienes un pretexto para no renovar su compra y para cuestionar la siguiente innovación que se presente frente a tí. Si te encuentras peleando con otras personas mediante alguna plataforma de comunicación, pregúntate si en verdad esta es la forma de construir una discusión productiva. Si te das cuenta de que pasas más tiempo atendiendo a tu celular o computadora que a la persona importante en tu vida, entonces aprieta el botón de apagar.

Pregúntate si esa compra que vas a hacer va a beneficiar a una cadena de personas que necesitan de tu dinero, si al final termina haciendo más rico al que ya es rico, creo que no le afectará un poco si le compras al que vive al día.

Si te encuentras fuera de tí, si te sientes perdido y tu día se va en consumir información o entretenimiento sin tomar acción en las cosas importantes, entonces necesitas apagar todo y esperar a que la mente se desintoxique para luego dar el primer gran paso.

Solo es necesario volver a preguntarte ¿esto que estoy utilizando en verdad me satisface? ¿en verdad es una herramienta para mi progreso? ¿para mi bienestar? ¿en verdad estoy más consciente, más tranquilo después de utilizarla?

Si trabajas en el desarrollo de la tecnología, ya sea en su capitalización, su invención o diseño, es necesario que te hagas responsable y pongas sobre la mesa las preguntas que nadie quiere hacer porque las respuestas son dolorosamente correctas. Tal vez, una de estas preguntas es: ¿esta tecnología resuelve un problema real? ¿esta tecnología cumple con su única función y crea un estado de paz? ¿esta tecnología eleva mi nivel de consciencia y posiblemente el de sus usuarios? ¿puedo volver a una vida real, atendiendo a quienes importa sin la necesidad de depender de esta tecnología para hacer mi día a día? Ponerte en los zapatos del usuario es un must do y cuestionar la forma en cómo funciona tu invento es necesario, porque la magnitud del impacto que tienen nuestros desarrollos tecnológicos hoy son mucho mayores que los de hace cien años. Si trabajas en el diseño tecnológico debes cuestionar si esta invención está acumulando un karma que no podrá ser pagado en el futuro, debes cuestionar sí o sí si tu invención es sostenible y si sus beneficios en el corto plazo se convierten en toxinas que no pueden ser removidas del ambiente el día de mañana.

Sí, los humanos construimos herramientas por naturaleza, pero la historia nos dice que no lo hacemos meramente para sobrevivir a las inclemencias del planeta, lo hacemos porque encontramos en el trabajar con la materia prima, con las líneas de código o con las matemáticas de la física, un estado de consciencia superior, un estado de concentración absoluta y de conexión cuerpo-mente sin igual. Si al trabajar en la tecnología te encuentras en este estado de concentración y atención total y lo que has desarrollado le permite a las personas que utilizan tu invento alcanzar el mismo estado y si lo que has desarrollado ayuda efectivamente a las personas a progresar en su vida sin aplastar el ecosistema o a otros grupos sociales al ser usado, entonces, muy posiblemente vas por el mejor camino para pasar de ser un esclavo a un maestro de la tecnología.


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