La nueva era del newsletter

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¿Qué ventaja podría tener uno de los formatos más antiguos, más condenados y desatendidos de la web, contra la favorable, rápida y poderosa atracción de un video de apenas segundos en TikTok? ¿Qué caso podría tener publicar un mensaje de más de dos mil palabras en un antiguo formato conocido como escritura, cuando las generaciones demandan gente bailando con canciones populares y alteraciones de la realidad?

7AM, normalmente estoy despierto antes, pero después de medir la hora y el clima con unos ojos que niegan a abrirse por completo, gasto unos 20 minutos de mi valioso tiempo mirando hacia adentro, hacia el estado interior, hacia el estado de la mente. Primero hay que resolver los asuntos de la consciencia antes de querer resolver los del mundo. Después, tras un vistazo rápido a la agenda y a lo importante que hay que atacar primero por la mañana, abro Outlook.

Sé bien que hay mucho por leer, encender el WiFi del teléfono es justamente la acción que indica que el día de trabajo ha comenzado. Con el misterioso poder de las señales radioeléctricas, la primera aplicación en cargar su globito numérico de notificaciones es la del correo. No son mensajes personales, no son mensajes de trabajo, no son insulsos mensajes de ventas y ofertas que no me interesan, aunque a veces, incluso después de «darme de baja» varios de esos correos siguen llegando a mí sin que pueda hacer mucho para defenderme… No, son mensajes de decenas de personas distribuidas en todo el mundo que tienen algo importante que compartir y yo he encontrado en sus palabras algo significativo o útil para mi crecimiento personal, los mensajes que están esperando pacientemente a que termine de planear mi día, que en muchos casos están cargados de sabiduría y son el resultado de semanas o incluso años de preparación, son newsletters.

Son palabras, a veces poéticas sobre caminatas en Japón, son palabras claras y concisas que hablan sobre cómo el mundo está siendo moldeado por las grandes empresas tecnológicas, son explicaciones a los muchas veces incomprensibles movimientos del mercado de valores, son palabras matutinas que miden la temperatura de la política global o la crítica relación de China con otras naciones. Otras veces, solo una por semana, u ocasionalmente al mes, llegan mensajes sobre lo más relevante en el impacto de las plataformas sociales o los artículos de ingeniería de manufactura más importantes o explicaciones sobre las políticas fiscales de EU. Detrás de estos correos hay una generación de escritores, periodistas, profesionistas o creativos que ya sea por experiencia propia o por un estricto y riguroso plan de estudios han desarrollado un expertise en un campo único y al que pocos pueden llegar a tocar con consistencia y estilo sin igual.  Son personas que tras mucho escribir y publicar, han encontrado un poder magnético que los hace atractivos a miles, han encontrado su propia voz y como consecuencia natural de la intersección de su expertise, su voz y la facilidad de distribución que permiten los medios electrónicos, el campo gravitatorio en torno a sus publicaciones atraen a un grupo específico de lectores que agradecemos su trabajo y fielmente nos convertimos en su audiencia.

Todos y cada uno de los que envían estos newsletters han encontrado en estas publicaciones digitales un formato incomparable para conectar con personas que ya han superado las tendencias de los filtros de las historias de Instagram, que han entendido que Facebook solo debe tomarse enserio para encontrar memes, que saben que LinkedIn puede degenerarse en un altar al ego profesional, que comprenden que el objetivo en TikTok es revivir la adolescencia y que usan Twitter para enterarse de las noticias antes que los medios noticiosos. Los que leemos newsletters tenemos como característica común la búsqueda constante de progreso. No queremos quedarnos con lo aprendido en la escuela, muchas veces, el trabajo nos impide reemprender una nueva carrera o una maestría o doctorado, pero al suscribirnos a estas fuentes de información, podemos mantener la mente abierta, logramos que las preguntas fundamentales sigan rondando los pensamientos y que nuestras opiniones se vuelvan más consistentes, más congruentes y mejor sustentadas en una época en que todo se puede poner en tela de duda porque alguien vio a un tipo en Youtube diciendo que todo es una conspiración.

Podrás decir que somos una especie rara aquellos que aún nos suscribimos a los newsletters, y en parte así es, digamos que somos el long tail. Mientras que la mayoría están embebidos en los bailes de TikTok y las adicciones a Netflix y Prime, nosotros gastamos una buena parte del día leyendo, lo cual parece un hábito aún más extraño. Es innegable que el video tiene un poder incomparable, aún más con sus múltiples variedades de formato en los que las maravillas de las herramientas de creación hacen tan fácil hacer y transmitir en vivo un mensaje ya listo para interactuar con una audiencia. Sin el video, los mayores sucesos de la última década quedarían cuestionados. Nada como una imagen con sonido en tiempo real para sentir la emoción del momento, una crónica radiofónica o una narración sobre los hechos para muchos serían una experiencia incompleta y con justa razón levantarían sospechas, porque somos seres visuales, nuestro cerebro se desarrolló en torno a esos enormes orbes que tenemos en el frente del cráneo, y nuestra percepción de la realidad obtiene mayor consistencia cuando vemos los hechos.

Pero la lectura, la lectura tiene un poder singular. Tiene el poder de incitar al pensamiento abstracto, tiene el poder de permitirle al lector encontrar entre los espacios de las palabras verdades particulares y comprender incluso leyes universales. Tiene el poder de inspirar la imaginación, no de guiarla como lo haría un video, sino de ser un perfecto canvas en blanco para que la mente inconsciente vuelque los simbolismos y desarrolle la infraestructura necesaria para que el lector construya artefactos, escenarios, mundos e historias que le nutren y le eleven la emoción como pocas otras experiencias podrían permitirle. La lectura te permite entrar en un estado de trance filosófico, te permite tomar pausas (cosa que la continuidad de las historias cinematográficas poco consienten), cuando lees y tomas un momento para meditar la idea que acaba de cruzar el umbral de tu conocimiento al volver la vista a la lectura esta sigue ahí, paciente, inmóvil, esperando a que la disfrutes, a que retomes tu camino nuevamente. Las palabras, los espacios, los renglones, los párrafos, todo eso permite explicar un concepto y si el lector está lo suficientemente dispuesto y preparado, la efectividad del mensaje es inmediato.

Pero… ¿No es acaso el mensaje escrito un formato que se encuentra en vías de extinción? ¿no es acaso el futuro de los mensajes y la comunicación el poner nuestro rostro y nuestra verdad de los hechos frente a una cámara? ¿No es la digitalización de nuestras voces con el acompañamiento de la música de stock lo que permitirán construir mejores explicaciones de la realidad? ¿cómo podría ser mejor un mensaje escrito? Y más aún… ¿Un email? ¿es acaso necesaria una cuenta de correo cuando sabemos las violaciones a la privacidad a las que son susceptibles? ¿no acaso el email es ese antiguo tipo de identidad digital responsable de infectar PC’s y de ser la fuente de robos, de vaciar cuentas bancarias y de fraudes de todo tipo por ladrones digitales que encuentran usuarios incautos e ingenuos que usan su correo como medio de comunicación? ¿no es el email ese medio de comunicación que ahoga las horas productivas con innecesarias respuestas de apenas unas palabras? ¿no es el email esa vieja tarjeta de identificación que rápidamente está cediendo su poder ante el número de teléfono individual? Y peor aún… ¿un newsletter? ¿en serio? ¿No es el newsletter ese medio por el cual millones de empresas violan la pureza de la bandeja de entrada con ofertas innecesarias y ventas de oportunidades que son despreciadas con el simple movimiento de un dedo? ¿no es lo suficientemente obvio que las nuevas generaciones apuestan enteramente por el video y el streaming de corta duración y no por la lectura de largos newsletters en sus smartphones?

Lo más probable es que el tiempo llevará al video y al streaming a ser los formatos imperantes en el mundo de las publicaciones, al parecer ese es el futuro más certero que tenemos. No creo que la dirección de email sobreviva por mucho tiempo como agente de identidad digital, especialmente cuando la biometría empieza a dominar los mecanismos de suscripción y registro a plataformas digitales y eventualmente a publicaciones. Lo que sé, es que en esta transición, existe un grupo de personas que hemos encontrado en la bandeja de entrada el espacio ideal para recibir información única y confiable. Sé que este grupo de personas que trasciende grupos étnicos y naciones, destinamos una cuenta de correo especial para recibir newsletters y que cuidamos este espacio del SPAM y de las suscripciones innecesarias. Se bien que este grupo de personas, este segmento del mercado si así se le quiere ver, al que pertenezco ha aprendido a diferenciar las noticias buenas de las malas que se encuentra en social media y pero tampoco cree dogmáticamente en las «verdades» de una publicación internacional como The New York Times o Bloomberg, no, estas personas que hemos vivido gran parte de nuestra vida con la web a nuestro lado, que hemos construido nuestras carreras utilizando esta herramienta del Internet y que inclusive hemos hecho relaciones significativas mediante las aplicaciones construidas encima de la web, hemos pasado más allá de creer ciegamente en las instituciones y afortunadamente hemos encontrado periodistas, autores y publicistas autónomos con voces independientes e inteligentes que ofrecen perspectivas propias o cuando menos sumamente nutritivas. Los que hemos optado por darle importancia a la bandeja de entrada curamos la información que consumiremos a diario como si fuera una dieta pero para la mente, nosotros entendemos que no solo de la academia se puede obtener valioso conocimiento, y valoramos  mucho el trabajo literario y periodístico de los autores y equipos de redacción dedicados a enviar un newsletter al día, a la semana o al mes. Este segmento del mercado, este nicho al que pertenezco, pasa un buen tiempo leyendo con mucha atención cada newsletter que llega a la bandeja de entrada y valoramos tanto el trabajo de aquellos que envían estos correos que estamos dispuestos a pagar por acceso exclusivo a contenido especial, y de hecho, lo hacemos.

Las plataformas tecnológicas han entendido esto y muchos, muchos han volcado su atención hacia el newsletter, creando nuevas aplicaciones e inclusive startups dedicadas exclusivamente a crear sistemas para enviar estos formatos de publicación y para cultivar audiencias.  Medium, Substack, Revue, Mailchimp, ButtonDown, Campaign Monitor, MailerLite, TinnyLetter, LinkedIn y cientos más de empresas han encontrado en la «vieja» tecnología del newsletter la materia prima para desarrollar un modelo de negocios basado en los viejos y confiables protocolos del Internet que sostienen al email. Los autores han encontrado en el newsletter no solo una forma de publicar sus creaciones, sino que en este formato han logrado desarrollar una carrera, o fundar empresas y hasta seguir nuevos estilos de vida, y todo gracias a que las audiencias en torno a su newsletter soportan su trabajo siempre y cuando mantengan la calidad con la que han iniciado y entreguen el contenido con consistencia.

Startups como Substack han ido un paso más adelante y han creado una plataforma para el descubrimiento de autores autónomos, donde los lectores encuentran un ranking de las publicaciones con más éxito. Para el autor o publicista, Substack le ofrece un espacio para componer, editar y almacenar los correos así como un sistema confiable para enviarlos a cientos o miles de lectores. Cuando el autor decide convertir este trabajo en un modo de sustento, la plataforma le permite crear una membresía para los seguidores de su newsletter, por cada lector que se convierta en miembro un 10% del precio que ha decidido establecer es para Substack. Medium, que inició como un espacio agregador de bloggers, que durante mucho tiempo fue la plataforma por elección para autores nuevos cansados de tener que personalizar un blog y darle vida con mucha promoción a veces invasiva, eventualmente empezó a considerar el newsletter como una forma de consolidar las audiencias de lectores que querían concentrarse en un solo autor y no en la vastedad de publicaciones que ofrece la plataforma. Pero ha sido Substack con su enfoque en ‘desarrollar la mejor plataforma para crear y cultivar una audiencia en torno al newsletter‘ la que está generando verdadera tracción entre los creadores de contenido, especialmente porque desde un inicio ofreció un servicio útil y conveniente a cambio de una comisión, entre comillas, «baja» por cada lector que adquiere una membresía.

Que este modelo de negocio basado en vender suscripciones o membresías de un newsletter se esté popularizando entre los escritores, periodistas y profesionistas significa entre otras cosas que la creación de contenido en la web se ha facilitado increíblemente con las herramientas, aplicaciones y sistemas desarrollados por programadores y empresas tecnológicas. Significa que la distribución de los contenidos digitales se ha abaratado, que la seguridad de las transacciones monetarias digitales se ha fortalecido. Pero especialmente, significa que hay un cambio en la forma de consumo en la que el usuario, el consumidor, el lector, está buscando fuentes fidedignas, independientes y autónomas, que expliquen hechos y sucesos con una perspectiva inteligente y única y que a través de la consistencia de sus publicaciones brinden confianza y certeza. Por otro lado, significa también que cada vez existen más y más autores, periodistas y sobre todo profesionistas con años de experiencia en su campo dispuestos a ir solos por la web y el Internet compartiendo contenido de alto valor. En pocas palabras, significa que pese la inmensidad de contenidos que existen en la web aún hay mucha gente que necesita fuentes de información específicas y únicas y por el acceso exclusivo están dispuestos a pagar recurrentemente. El internet y la web ciertamente han formalizado una de sus predicciones sobre las oportunidades de crecimiento económico que prometían en sus primeros días con las membresías y suscripciones de pago a newsletters.

En ultimadas cuentas, estas ganas de progresar, de alimentar los conocimientos y de mantenerse con la mente abierta y la curiosidad circulante, son necesidades inherentes al espíritu humano, son parte de nuestra genética que en cada mutación busca adaptarse para la supervivencia. El día de hoy, para los que vimos a la web nacer, al Internet extenderse por el mundo y a la tecnología digital permear cada uno de los aspectos de nuestra vida, es natural volver al newsletter y disfrutar del trabajo que otros nos hacen llegar hasta la bandeja de entrada de nuestro correo electrónico. Puede que seamos unos románticos empedernidos y que nuestra tendencia a lo retro nos haga ver en el correo electrónico una herramienta para el crecimiento, tal vez para las generaciones postpandémicas con los formatos de información que existan en 30 años querrán volver al estilo del TikTok del 2020 y en esta necesidad de sentirse conectados a su pasado busquen nuevas formas de comunicar sus mensajes y necesidades utilizando los «viejos» microvideos que llegarán directo a sus nuevos dispositivos de comunicación.

Pero hoy, hoy es el newsletter, hoy es el leer, el valorar el esfuerzo de aquellos que dedican sus días a construir historias o narrar el presente para ayudarnos a dar un paso más hacia el futuro personal que deseamos, hoy es la era de voltear la vista hacia contenidos creados con la misión de comunicar lo más fidedigno posible y de saber mirar a las noticias de los corporativos de la información con un gran toque de incredulidad. Hoy es la era de pagar un poco por sostener a esas personas que han decidido llevar su carrera al terreno de la comunicación digital, y hoy, hoy, se trata de encontrar nuevamente en la bandeja de entrada un espacio personal para aprender, para hallar explicaciones a nuestro complejo presente, para descubrir ideas, perspectivas y conocimientos jamás imaginados y sobre todo para conectar con personas que están trabajando con su expertise y estilo para nutrir nuestra necesidad textual. Es así como el newsletter ha vuelto a tener un nuevo aire, es la era del newsletter 2.0 se podría decir y mejor aún es así como el newsletter ha regresado con una nueva revolución.


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