Postal de una fotografía de las calles de Bogotá

Los domingos no volverán a ser iguales

El Talibán aparentemente tomó control de Afganistán. Lo poco que sé sobre esta nación (si es que así se le puede llamar), es justamente lo que ha llegado a mí desde los medios americanos, desde películas de Hollywood hasta documentales y videos en YouTube. Pero no sabría distinguir qué hace a Afganistán único. Veo al medio oriente como una zona en eterno conflicto, con un pasado rico en conocimientos y una mezcla de culturas interminables que al igual que las nativas de América no pueden ser sintetizadas bajo una sola religión, bajo un grupo de rasgos físicos o bajo un puñado de naciones.

Es triste ver a la gente caer de los aviones de guerra de Estados Unidos y es curioso que sean las películas lo más cercano que tenemos a estos sucesos para poder comparar lo que vemos. La historia del mundo nos dice que las invasiones suspendidas no dan paso a una mejoría real en las zonas aplastadas por las maquinarias de la política y la guerra. Un vistazo a nuestra historia en América Latina y podríamos advertir que la zona de Afganistán está por entrar en un estiramiento de todos los lados; a cada quién le interesa algo en particular y querrán imponer su voluntad y su forma de gobierno por sobre otros, y aunque me gustaría creer que el país podrá encontrar un nuevo nacimiento como Vietnam lo hizo después de su guerra con EU, todo parece apuntar para que pasarán décadas de conflicto y genocidio y terrorismo y crímenes antes de que las generaciones se cansen de lucha y sangre y entablen conversaciones pacíficas que los lleven a verdaderamente intentar comulgar entre sus diferencias y a encontrar una nueva identidad adaptada al mundo moderno.

Meanwhile en México, la preocupación más grande está en los padres de familia.

Todos sabemos que las escuelas han sufrido mucho con los efectos del confinamiento. No han sufrido más que otras industrias, pero económicamente las escuelas están muy adoloridas. Sin embargo, esto no justifica la posibilidad de que un niño o un adolescente se enferme y tenga que cargar con las secuelas de la infección de COVID19.
Al presidente, parece que le pesa más el echar andar al país económicamente, pero los papás no están convencidos de sus intenciones. La Secretaría de Educación Pública con todas sus deficiencias no ofrece una estrategia inteligente para el problema de sostener los programas educativos y las escuelas se aferran al pasado negándose a buscar una alternativa a la seguridad de lo conocido. Lo cierto es que con una semana que los alumnos se junten, los contagios se dispararán y a la fecha no hay vacuna que en verdad prometa con seguridad que los más jóvenes podrán defenderse contra el SARS-CoV-2 y sus variantes.

Si hay algo que he aprendido tras años de estudiar innovación y modelos de negocio, es que pensar de manera tradicional es la manera más perfecta de obtener los mismos resultados de siempre.

Por eso es necesario apostar por formas distintas de educación, que involucren una socialización distinta, que permita a los padres mantener sus trabajos sin tener que poner en riesgo a sus hijos en lo que la vacunación avanza lo suficiente como para minimizar las probabilidades de contagio. Es necesario pensar nuevos modelos de negocio para la educación porque seguir con las mismas cuotas por una educación a distancia que no satisface del todo no es buen negocio para los papás. Y sobretodo es necesario entender que la estructura de costos operativos de muchas escuelas necesita una revisión y los programas educativos deben adaptarse al futuro, dejar de pensar meramente que todo debe ser presencial y que el trabajo a solas es también una manera importante de aprender.

Por otro lado, los hospitales en México se vuelven a saturar de enfermos, la gente habla de la «variante Delta» como una de las responsables, pero es más cierto que las personas que no se han vacunado por cualquier razón son la mayoría de los enfermos sin que importe tanto la mutación del virus.

Los comercios abren y vuelven a cerrar ante los golpes de la «tercera ola» y los días pasan sin que tengamos certidumbre de cuando podremos establecer una vida en la que salir a la calle sin cubrebocas no signifique quedar infectado.

Los domingos ya no son iguales, las calles están apagadas. La gente se queda en sus casas o eso quiero suponer. Los restaurantes con la mitad de mesas ocupadas. Las oficinas con botes de gel desinfectante en cada puerta y los afortunados que no tenemos que salir a ganarnos la vida bajo el poderoso calor que cada vez azota con más fuerza, tenemos que encontrar la manera de mantenernos cuerdos y productivos.

Pero en medio de todo este aparente pesimismo el mundo avanza, los bebés siguen llegando y ni la pandemia ni las muertes de seres queridos nos quitan las ganas de emprender nuevos y grandes proyectos, es lo bueno de nuestra era, pese a todo, seguimos trabajando por construir lo que queremos.